Un partido partido

 

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¡Y pensar que cuando la vicepresidente Margarita Cedeño habló del “perder-perder” que la confrontación Medina VS. Fernández significaba, muchos, y especialmente muchos peledeístas,  creyeron que la dama había cometido un exabrupto!”. 

Nuestra advertencia es vieja: el día en que en unas elecciones un Partido venza al otro por menos de 50,000 votos, ocurrirá una crisis que pondrá en peligro nuestra imperfecta democracia. Aunque esta vez no se trató de dos organizaciones enfrentadas sino de un Partido partido por la mitad, los efectos dañinos podrían ser muy similares debido a la incidencia del PLD en la vida nacional a partir de su control de los poderes del Estado después de casi 20 años de gobierno.

El problema de estas primarias moradas ha sido que la ventaja de Leonel Fernández sobre Gonzalo Castillo no fue lo suficientemente alta para evitar que las tradicionales marrullerías cambiaran el nombre del ganador. Precisamente, unas marrullerías, irregularidades, inequidades, perversiones, que han sido el común denominador de prácticamente todos nuestros procesos electorales, con mayor o menor disimulo y/o acierto. Veamos. En 2007, Danilo perdió de Leonel, como Mejía y Abinader lo hicieron frente a Medina en 2012 y 2016, respectivamente, sólo que, en estos casos, la gran ventaja evitaba el conflicto. Si en 2012, la ventaja de Medina sobre Mejía hubiese sido por 26,000 votos y no por 290,000, la historia hubiese sido otra. Tanto Medina (2002), como Mejía (2012) o Abinader (2016), saben que perdieron de su contrincante, solo que no con los resultados que en cada una de esas elecciones presentó la JCE.

Aquí, en las elecciones -como si se tratara de un casino-, la casa/el Estado no siempre gana, pero siempre juega con ventaja.

Esta vez, la escasa ventaja de Fernández permitió que variase el nombre del ganador, y lo demás es y será historia, como lo fue en 2007, 2012, y 2016. (¡Y pensar que cuando la vicepresidente Margarita Cedeño habló del “perder-perder” que la confrontación Medina VS. Fernández significaba, muchos, y especialmente muchos peledeístas,  creyeron que la dama había cometido un exabrupto!)

Este striptease ético del PLD es una clara advertencia a una oposición que, aprovechando tanta preocupación de los fácticos poderes, o sea, el Conep y sus exenciones, las Iglesias y sus tres causales, el Imperio y su llamada) debería condicionar su participación en las próximas elecciones a que sean llevadas hasta su mínima expresión las prácticas marrulleras de la cultura política dominicana, para lo que solo falta voluntad política, pues las leyes ya las tenemos. Voluntad política, como la que existió para construir el Metro, es un ejemplo, o para establecer con eficiencia primermundista el Sistema 9-1-1.  Por cierto, para encontrarle sentido a la democracia nada hay como la posibilidad cierta de perderla. En esas andamos.

El PLD venciendo al PLD

El abrazo DM LF

Justo ahora, cuando la realidad supera con creces la ficción y el “realismo mágico” de García Márquez ha sido superado por la realidad electoral dominicana, es un buen momento para preguntar y preguntarnos… ¿Qué más veremos arder?

La renuncia por minutos y el regreso en un segundo del miembro titular de la JCE, doctor Roberto Saladín y sus posteriores explicaciones, son la medida del absurdo, el tamaño de nuestro asombro.

Pero hagamos memoria. Allá por febrero de 2014, uno había echado en cara al PLD sus terribles ganas de morirse, la llegada del triste momento de comenzar a pagar el precio de tanto vencer y vencer. Pero resulta que la organización sobrevivió a todo lo ocurrido en 2015, enfrentada en 2016 a un partido, el PRM, que, para entonces, era poco más que un acumulo de gente, un PRD-M, mientras tanto, que dije entonces.

Así llegó el PLD a la pírrica victoria de 2016, que no hizo si no agravar sus males, amplificar sus malquerencias y aumentar su sentirse la última Coca Cola del desierto…. y fría.

Llegado 2019, una llamada imperial del secretario de Estado estadounidense, Pompeo, -con nota de prensa incluida para que se enterara el mundo-, junto a otras razones, impidió la segunda modificación constitucional continua que haría posible la repostulación del presidente Medina. Y entonces, ocurrió.

Ocurrió que, fuera Medina de la contienda, el camino para la “sangre nueva” sin “dedazo” quedaba despejado. Solo faltaba llamar a unas primarias transparentes que organizaría la JCE, pero cuyo orden, disciplina y transparencia serían garantizados por el liderazgo y la autoridad de los dos señores que en el PLD han presidido el país, Leonel y Danilo.  Lo de más era simple. Fuera ambos de la competencia, los peledeístas que así lo decidieran competirían en buena lid para que ganase, si no el mejor, que es algo muy subjetivo, el que prefiriera la mayoría de los votantes. Pero no pudo ser.

No pudo ser, porque, fuera Danilo Medina de la contienda, Leonel Fernández, tres veces presidente de la República y el político dominicano de mayor reconocimiento y liderazgo internacional  mantuvo sus aspiraciones presidenciales. Fue entonces cuando uno escribió con lamento y sin gadejo: “Joder, con lo linda que está la mar”, y volvió a repetir lo afirmado un año antes… “Si el que está quiere seguir y el que estuvo quiere volver, ambos volverán, pero a la oposición”.

No sé si lo lograrán, (irse a la oposición), pero para eso trabajan hoy, -con fanatismo religioso y entusiasmo adolescente- las dos mitades del un PLD que, ya ven, no sabe qué c… hacer con sus éxitos. Tóquela otra vez, Eladia Blázquez, tóquela otra vez… “Qué caro hay que pagar el precio de vencer…”.

El Día D

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El Día D confirmó pronósticos, descubrió realidades.

Como tantas veces advertimos, por repetir lo repetido digamos aquí que, el problema de las  primarias de los PLD es que en ellas, uno debía ganar, pero el otro no podía perder. Y no podía perder porque en un país institucionalmente débil, sin frenos éticos, y con una cultura de fraude electoral tan socialmente aceptada, al Estado sólo se le puede vencer si existe una grave crisis económica y/o una gran pérdida de popularidad, que no es el caso del actual gobierno, sino todo lo contrario. Ahí están las estadísticas.

Desde que en 1966 las tropas gringas instalaron a Balaguer como Presidente, hasta ayer como a las once, siempre ha pasado igual.

En esta ocasión, abortado el intento de repostulación presidencial por una definitiva y definitoria llamada imperial (con nota de prensa incluida), el sector de Danilo Medina las “jugó” todas a su delfín de mayor confianza y agradecimiento, Gonzalo Castillo; y para que no hubiera duda de su decisión, se nombró al mismísimo gabinete de gobierno en pleno para dirigir la campaña, mientras la JCE, distraída, probaba los equipos y citaba a Campoamor,  y la oposición, como si nada pasara, jugaba al “topao libertando” en “la esquina de McKinney” en Baní, que tanto recuerdan Luisín Franjul y Miguel Antonio Mejía.

Si algo faltaba, el departamento de Estado de Estados Unidos (a través de su USAID) se ocupó de financiar directamente la observación electoral a través de una de las organizaciones ungidas por él para estas labores, lo que le permite tener control y capacidad de negociación, no vaya a ser vaina y llegue el día en que le toque derrotar o hacer ganar a alguno, “como otras tantas veces”.

Del comportamiento del Departamento de Estado, a través de las propuestas de Participación Ciudadana a la JCE, podríamos deducir que el imperio está apostando, si no a sacar al PLD del poder, por lo menos a debilitarlo, preocupado porque  de victoria en victoria, ese partido, por controlar, controla ya hasta el bar de Sabina y sus canciones, que es mucho decir. Un exceso.

La víctima de este 6 de octubre (6-O) no fue el Bosch de 1966 o el de 1990; ni el Peña Gómez de 1994, el Jaime David de 1999, ni el mismísimo Danilo de 2008, sino un Leonel Fernández que confió demasiado en su abismal ventaja sobre un adversario señalado de emergencia, olvidando que, por lo menos en 1996 y en 2008, él fue el beneficiario directo de esas irregularidades, inequidades y marrullerías con que todos los miembros de la partidocracia compiten cuando son gobierno y que, precisamente, son las mismas que en casi 20 años de gobierno, el PLD no ha disminuido sino que ha ampliado y perfeccionado.

Entonces, que mi dilecto Umbrales llame a Voltaire, pues ahora sabemos que también los partidos políticos,  como los hombres y los pueblos, solo aprenden sufriendo o perdiendo el poder. ¡Joder! Con lo linda que estaba la mar.

 

El problema (camino a votar)

En El Bulevar 200

El problema vital es el alma/ El problema es de resurrección/ El problema/ señor/ será siempre sembrar amor.  Rodríguez. “El problema”.

            El problema nacional no es el dengue ni la fusión fronteriza inevitable y cotidiana. Ni siquiera es el OPUS DEI que con su fundamentalismo islámico mete miedo a los gobiernos para que se siga asesinando mujeres pobres en los patios porque la clase media tiene siempre un obstetra que, en clínicas aseadas, resuelve incluso más allá de las tres causales que uno apoya. Es grave todo esto, pero no es lo más grave, ni el mayor problema.

            El gran problema nacional es que el país se ha quedado sin árbitros, sin éticas referencias, sin ilusión, utopías ni fe, como, a veces, los amores, ay, se quedan sin sol, y llegan las sombras, y lloran las flores entre los adoquines de la nostalgia. (Algo así, como quedarse sin Dios y que no existieran tus ojos, digo yo.)

            Y así vamos los dominicanos, en un escatológico Cambalache, materialmente menos pobres que nunca, ¡cómo negarlo!, líderes regionales en inversión extranjera, crecimiento, turismo y mulatas de buen ver, con unas estancias infantiles de pura madre, con una jornada escolar extendida que las madres agradecen, con un CAID que es un poema, o ese devaneo primermundista que es el sistema 9-1-1, o la ayuda vial en las carreteras.

            Sin embargo, en lo fundamental, ¡Ahora sí que somos pobres!, miserablemente pobres de alma, espíritu y sueños, y no porque nos haya vencido la partidocracia y sus señores o los príncipes del capital y sus abogadas crueles, sino porque hemos perdido el camino de la ilusión, de la esperanza, de la posibilidad cierta de creer que “mañana, hijo mío, todo será distinto”.  

            Pero el asunto es peor. “Es más grave, muchísimo más grave”.

            La mayor desgracia de un país no es que sus hijos dejen de creer en los hombres y en sus dioses, sino en sí mismo, convencidos ya de que nada sirve y todo vale, porque el único pecado/delito sin perdón es la pobreza y sus garras. Si lo duda, pregunte por el origen de la mayoría de las grandes fortunas nacionales, ay, los amigos financiadores o ex ministros de todos los gobiernos que gobierno han sido, desde Santana en San Cristóbal, hasta ayer como a las once. Los pueblos son de memoria corta y llanto largo y por eso la cotidianidad los devora.

             Por todo esto, es una necedad preguntar quién ganará las primarias de este domingo, si con lo visto y padecido, ya todos hemos perdido. ¡Ay, país!

P.D. Menos mal que ante mis ojos hay un mar, y casi llueve, “y si llueve, mi patriotismo es erótico. Entonces, mi patria empieza en sus ojos y no termina sino en sus fuentes”. Perdón por la nostalgia. Ahora salgo a votar.

Transparencia y popularidad

“Si los malos supieran que buen negocio es ser buenos, serían buenos, aunque sea por negocio”. Buda.

SANTO DOMINGO, DOMINICAN REPUBLIC - AUGUST 8, 2017: View of the building Palacio Consistorial. Copy space for text.

Recientemente, la alcaldía de la capital firmó un acuerdo con la telefónica Claro, mediante el cual la empresa se compromete a instalar 90 puntos, pero no de los malos, sino de los buenos, puntos de servicio gratuito de Internet a la población.

Piensa uno que las demás telefónicas no deberían dejarse “echar vainas” de la mexicana de Slim, y llamar a David Collado ¡ayer! para informarles su disposición a instalar 180 puntos cada una.

Pero no solo las telefónicas deben responder al desafío de Claro, sino también las demás alcaldías del país que no deberían permitir que David Collado siga echándoles guararé y comiéndoles los caramelitos del “bienhacer” con transparencia, que la decisión de transferir todo el proceso de licitación de las compras del cabildo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), representa.

Como Roberto Carlos, hablemos claro y no nos caigamos a mentiritas, que uno es pendejo con club y todo, pero sin excesos.

Si una institución quiere luchar contra la corrupción no es con marchas de colores ni lamentos de sirena como se logra el milagro de la buena administración, sino con transparencia y eficiencia y lo demás es caballá y public relations.

Como se sabe, en las instituciones públicas la corrupción llega de la mano de los pagos, las compras o las contratas, y en el caso de los ayuntamientos se añade la además la “permisología”, los permisos y certificaciones que hay que obtener.

Precisamente, por los pagos, la “permisología” y las compras ha atacado la alcaldía el problema de la corrupción y la mala calidad del gasto, y los resultados no han podido ser mejores, al punto de que acaba de ser seleccionada por la sede central del PNUD, en New York como ejemplo y modelo de transparencia para poner en ejecución un programa piloto a nivel de la región, que busca generar confianza entre los ciudadanos y sus cabildos.

Pero lo mejor y felizmente sorprendente de estas iniciativas del cabildo han sido los efectos que ellas han tenido en la valoración que de la alcaldía tienen los munícipes, al punto de que esta semana la consultora mexicana Mitofsky acaba de anunciar que, en un estudio realizado recientemente, David Collado es el alcalde mejor valorado de todas las ciudades de América Latina. O sea, que puede ser políticamente rentable hacer las cosas bien. O sea que el “yesgüicán” no es solo cosa de Mr. Obama y sus jóvenes.

Como tantas otras veces, Buda tuvo razón y por eso lo citaba tanto mi dilecto Cabral:  “Si los malos supieran que buen negocio es ser buenos, serían buenos, aunque sea por negocio”.

El difícil arte de argumentar contra el éxito

Lo del Dr. Balaguer fue un despacho. Su Despacho, que era hasta donde llegaba la corrupción que el propiciaba. Llegaba, pero no entraba; se detenía temerosa ante este misterioso señor, cuyo único gran amor (salvo una Lucía que nunca olvidó) fue el Poder y algún libro.

Vivía en la “parteatrás” de una casa que el Tirano le regaló, y a donde le obligó a mudarse cuando lo hizo ministro. Villa Francisca no pega con Ministerio.

En 12 años hizo 300 millonarios, pero nunca tuvo una cuenta bancaria. El problema del doctor frente a la historia nunca será la ética de su persona, sino la estética de su poder, la liturgia de la muerte y sus quebrantos.

En el caso de los peledeístas, el despacho, Su Despacho había sido hasta hace poco el Sistema Único de Beneficiarios, pero ya ven, ni ante el SIUBEN se detienen los señores empecinados en tirarse a matar entre ellos, y por ahí andan, abusando de su voto duro agradecido por tanto 9-1-1, SENASA, jornada escolar de tanda extendida, DICAP, estancias infantiles y, por supuesto, abusando de esas torpezas de borracho en misa que en ocasiones comete la oposición.

A estos peledeístas muertecitos de éxitos y ahítos ya de tanto ganar siempre, -que tanto digo-, ni siquiera se le ha salvado la niña linda de los ojos gubernamentales, la joya de la corona de la lucha contra la pobreza, su instrumento más útil para mejorar la aplicación de sus políticas sociales, y todo porque alguien “en un momento de suprema locura”,  decidió que desprestigiándo al SIUBEN dañaba a su coordinadora general, la vicepresidente Margarita Cedeño Lizardo, olvidando que la muy señora ha superado peores atentados de muerte moral y a pesar de ellos ha seguido siendo junto a Danilo Medina y Leonel Fernández una de los tres peledeístas mejor valorados por el electorado.

Precisamente, son esos tres señores y no otros, los responsables de los tres frentes electorales que le han dado la victoria al PLD en las dos últimas elecciones. #tanlocos.

Los peledeístas deberían saberlo: No se difama el camello (SIUBEN) al que tendrá que subirse el candidato (sin importar quien sea) para vender los avances sociales de todos los gobiernos peledeístas y, como la monjita del cuento, dije todos. hermanos, dije a todos.

Esposa de uno que es el presidente del partido, amiga y vice del otro que es el presidente de la República, y compañera de ambos, a ambos reconoce la doctora Cedeño como líderes indiscutibles de la organización. A los dos debe lealtad y agradecimiento como, de igual manera, ambos le reconocen a ella sus aportes, su liderazgo social y su vieja y sosprendente popularidad electoral.

En plan Milanés, digamos que “por todas esas cosas y por muchas otras que es difícil  encerrar en jaulas de palabras”, la doctora debió ser la “sangre nueva” de un acuerdo entre los dos viejecitos  que han llevado al PLD al poder en cinco ocasiones, responsables ambos por acción u omisión, de todo lo bueno y de todo lo malo que ese partido ha hecho desde el gobierno. Dije y estoy diciendo: !de todo lo bueno y de todo lo malo! Y lo hago para que me escuchen los despistados e insultosos termocefálicos de los dos PLD que, mientras menos ideas tienen, con más enfermo y arrogante fanatismo las defienden. Insultar es perder.

Yerran los aguerridos y radicalizados seguidores de Leonel y de Danilo. Ninguno de los dos puede ir solo a la gloria de sus realizaciones ni al infierno de sus fracasos. No.

Al panteón de los héroes o a las alcantarillas de la historia irán juntitos o no irá ninguno, signados por el peligroso espanto que sería confundir la lluvia con el llanto.

Joder. ¡Qué difícil esto de argumentar contra el éxito!