Juan Lockward y Sabina explican Odebrecht

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QUÉ DILEMA TAN GRANDE”.- Es el gran dilema nacional: No quiere uno verse narigoneado por un imperio norte, que en toda la América morena y mestiza anda tumbando o intentando tumbar gobiernos, -buenos unos, malos otros, peores algunos-, pero todos negados a obedecer sus mandatos. No. No quiere uno, que se aparezca un procónsul gringo y se siente a desayunar con periodistas en la televisión, o a almorzar con los príncipes del capital en CONEP para, frente a las cámaras o los comensales, obrarse sin respeto en la escaza dignidad y soberanía que nos queda. Pero el rechazo a esos atropellos imperiales no pueden servir a la partidocracia reinante para justificar la sordera de sus gobiernos TODOS ante la impunidad que, cual espagueti Milano, en el país no ha parado de crecer. No. Uno critica que sean el FBI y el departamento de Justicia de Estados Unidos quienes decidan la suerte de los supuestos sobornados o sobornadores en el caso Odebrecht o cualquier otro, o que sea el despojo de visado gringo el nuevo Foro Público de la nación, pero esa crítica no puede justificar que el país siga convertido en un paraíso de corrupción e impunidad celebrada, y además, fantoche, exagerada, exhibicionista y chulera como he dicho mil veces.

UNA PARTIDOCRACIA ALOCADA.- Este güikén, Juan Lockward debería bajar de su estancia en la Gloria para cantarnos en “El Bar de Los Espejos”, (que abriríamos con etílica violencia y por encima del autoritarismo del ministerio competente o del incompetente) aquella página bolero que a tantos ha golpeado y por la que tanto se ha vivido o bebido (y también viceversa): “Qué dilema tan grande se presenta en mi vida, ella tiene…”. A pesar de todo lo ocurrido y por ocurrir, vemos que la partidocracia TODA no parece estar por la labor de adecentar y abaratar, de dignificar y hacer honorable el ejercicio de la política.

“MACOS Y CACATAS”.- A pesar de todo este vendaval de “macos y cacatas” en las marchas verdes o en la cárcel de la fiscalía del Distrito, los muy señores no parecen dispuestos a autorregularse, a imponerse reglas de juego para sus primarias, o transparentar sus fuentes de financiación, y que haya más equidad en la lucha política. No.  El PLD no lo quiere, porque es el beneficiario del actual estado de cosas (come mas hojaldres quien tiene más saliva), y el PRM and friends tampoco, porque ante sus buenos vínculos con la Embajada y su gran ventaja sobre los otros partidos confía en llegar al poder con el actual estado de cosas, y sacarle el debido provecho, y que en 2020 ruede la rueda como rodó en 2000, y otras vez cita uno la frase que Sartre nunca pronunció: “Cuando unos son el infierno, no necesariamente son los otros el paraíso”.

DANILO, LEONEL Y LA MAR.- Algo ha de hacerse para vencer este dilema por el que atraviesa una parte de la población dominicana, que además ve con preocupación a los dos líderes del PLD, negados a rechazar el ser una vez más candidatos presidenciales para convertirse en los garantes partidarios de una disciplina perdida en la masificación, de una ética enterrada para ganar elecciones, y sobre todo, garantes de unas primarias sin chanchullos ni tiros, donde ganen quienes mayor apoyo reciban de sus compañeros. Pero no: Uno quiere volver y el otro quiere seguir, ambos lo niegan, y ahí entra terrible la frase maldita del delfín preferido del tirano, apoyado en don Ortega siempre tan necesitado de Gasset, porque, ay, “uno no se pertenece, somos esclavos de las circunstancias, no es bueno cambiar de caballo cuando se está vadeando un río”, y en ese plan.

LAS FAROLAS DE SABINA.- Mientras tanto, el país sigue en su catarsis. Gozándose su caso Odebrecht en plan gozadera full, y “venga pueblo, venga gente” (…) “al fin tan “ajorcando” blancos”, y que sean culpables o inocentes es lo de menos. Algo es algo, dicen. El hambre de justicia del pueblo dominicano ha coincidido con las ganas de comer, o sea con la necesidad de mayor poder y control de los Estados Unidos sobre su patio trasero, que por error tiene aún himno y bandera. Ocupen su localidad. Se reunió el hambre con las ganas de comer. Como Sabina en su farola: “yo quería dormir contigo y tú no quieras dormir sola”. !Y entonces salió el sol!

 

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