Una democracia en apuros…

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POR UNA ECONOMÍA DEL BIEN COMÚN.-  El asunto no es de pesimismo cínico sino de optimismo, pero bien informado. Mucho se ha hablado de los resultados del Latinobarómetro 2018, en los que muestra el nivel de insatisfacción de los ciudadanos hacia la democracia, el cual ha pasado de un 51% en 2008 a un 71% en 2018. ¡Que a la democracia le están tirando “y no es de Los Molinos”!, y ni es abril ni es el año de 1965, ay, que esos eran otros tiempos, otras utopías. Recuerdo ahora, el año de 1978, cuando por Santo Domingo se inició el desmonte de las dictaduras y blandas que Estados Unidos había ido instalando “en el trono del mando y del castigo” en toda la América morena. Florecía la democracia. Y cuando en un muro de Berlín fue vencido el comunismo “ateo y disociador”, y se suponía que, finiquitadas las ideologías (F. Fukuyama) debía el mundo marchar hacia un capitalismo con rostro humano, hacia una “Economía del bien común” (que plantea Christian Felber en su libro del mismo nombre),  en donde el éxito económico se mediría por indicadores de utilidad social como la dignidad humana, la sostenibilidad ecológica, la participación y la solidaridad hacia todos los que hacen posible la actividad de la empresa (no solo de quienes aportan el capital)… entonces, ocurrió justo lo contrario: habíamos entrado a la etapa del capitalismo salvaje. voraz, devorador. 

GLOBALIZACIÓN Y NEOLIBERALISMO.- Resulta que con la derrota del comunismo y el desmonte  casi global de las dictaduras, al mundo no llegó el Cristo de los pobres, sino el Lucifer de las grandes corporaciones sin memoria, alma, Dios ni corazón. Había llegado el reinado de la globalización neoliberal, de la privatización y la desregulación de las actividades de esas corporaciones y sus socios banqueros en todo el mundo. Precisamente por esa falta de regulación llegó la crisis de 2008 con Lehman Brothers como indicador de la magnitud del desastre. Hablo de corporaciones que junto a su guardia pretoriana que son los organismos internacionales (Banco Mundial/ FMI) terminarían dirigiendo a los gobiernos locales, creando de este modo la separación entre Poder y Política a la que se refiere Zygmun Bauman en sus ‘Tiempos líquidos’. Por eso, ahora los partidos ganan elecciones, pero sus presidentes no gobiernan, atados y bien atados al poder de las corporaciones, los organismos internacionales y su “sociedad civil” bien capacitada jurídica y mediáticamente para apoyar sus desmanes y propiciar amnesias convenientes, éticas selectivas con los escrúpulos de María Gargajos, la señora que lavaba el sartén, pero luego lo escupía para saber si estaba ya debidamente caliente. ¡No te jode!

VOTANTES Y NO CIUDADANOS.- Como se sabe, cuando unos son el infierno, los otros no son, necesariamente, el paraíso. Así, en América Latina, la izquierda democrática llegó al poder, pero no fue capaz de crear ciudadanos consientes sino alienados consumidores de bienes, y por eso, con el tiempo de las vacas flacas en la economía, llegó la debacle electoral que, en el caso brasileño incluyó un golpe de Estado judicial y una condena política, con jueces bien entrenados por Estados Unidos para tales fines. (Ya Estados Unidos no entrena guardias sino abogados y periodistas, es decir, la judicialización de la política, amor). En las Europas, la socialdemocracia ni la derechona estuvieron a la altura de las circunstancias ni de la ética, la corrupción les fue quitando credibilidad ante los ciudadanos que les fueron perdiendo la confianza. Este es el escenario al que la encuesta Latinobarómetro le ha puesto numeritos y la Gallup- HOY de octubre vino a confirmar, convirtiendo las percepciones en certezas.

¿”CHALECOS AMARILLOS” A LA CRIOLLA?.- De todo lo anterior surgió Trump, llegó Bolsonaro, se acerca Marine Le Pen, y en el centro de todo hallamos la desconfianza y el drama de un sistema económico que ha encontrado en la desigualdad social el motor de su crecimiento, !Ve qué vaina!  Como dice Máriam Martínez Bascuñán en su reciente artículo: “Somos más ricos, pero más desiguales, y eso ha generado una quiebra de la cohesión social traducida en desempleo, inseguridad económica y descontento”. ¿Qué puede ocurrir en una sociedad dominicana, en donde -(menos la inestabilidad macroeconómica, que el Banco Central resguarda con los celos de una madre banileja)- están dadas todas las condiciones para que surjan los Trump, Bolsonaro con “chalecos amarillos” franceses, pero a la criolla? Como en el bolero…como en el bolero…  “sabrá Dios, uno no sabe nunca nada”. Volveremos con el tema.

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