El infierno venerado

LA PARCA.- Y todo es sin color. La vida en blanco y negro, porque otra vez está aquí la muerte, y de su mano entramos al tenebroso tema del narcotráfico y sus poderes barriales y citadinos que regresan a la agenda informativa, a los telediarios y a los matutinos. Truenan los medios. En Baní, Barrio Santa Cruz, sector Norte, -muy cerca de la escuela Máximo Gómez de mi alfabetización y mis primeras andanzas de muchacho, cerca de lo que alguna vez fue La Gallera, a tres cuadras de la Compraventa de César Pimentel-, ocurrió la tragedia: Un grupo de narcotraficantes asesinó al coronel Daniel Ramos Álvarez, comandante de la Policía Preventiva en la provincia. Una vez más, el senador Guerrero Dumé puso a parir a la DNCD. Las redes con sus videos y sus alarmas desnudaron el drama, ay, que una imagen vale más que mil mentiras. Y pasaron las horas, crecieron los lamentos, y al terminar el día, las grandes preguntas seguían sin respuestas. Mientras todo esto ocurría en Baní, en el resto del país el liderazgo social y económico que el narcotráfico ejerce en nuestros barrios “carenciados” (pobres) no para de crecer, y es cada vez más importante, determinante… y visible.

SIN FONDO.- La anomía social y la anarquía que padecemos, y que hasta en un semáforo podemos confirmar, va en aumento. En lo de la “arrabalización institucional”, no es que “estamos tocando el fondo”, (palabras de Celaya), es que fondo ya no hay, no tenemos. Entonces, por qué no decirlo de una vez: Un país donde la economía, el bienestar inmediato, la solidaridad cotidiana de los barrios y su gente gira en torno a prácticas criminales como las del narco y el sicariato; un país así no es que no tenga futuro, es que está perdido en su presente, aunque crezca como China, que siempre digo. En nuestros barrios, la prostitución también es importante, mientras que los dueños de bancas de apuesta son los otros prohombres comunitarios de mano amiga. Solidarios como un cristo bueno. ¡Vea Usted qué vaina! Los juegos de azar en su reinado, justo después del colmadón y sus fiaos, ya sin la ñapa de mis años juveniles.

LA OTRA ARISTOCRACIA.- No es la de los viejecitos en su parque, esa a la que canta Serrat, ni la de las ONGs/ Fundaciones que construyen el país y a las que recientemente premió y reconoció la agradecida familia Corripio, no. Es la otra, la aristocracia de narcos y jodedorcitos, tan venerada que, en el barrio Santa Cruz donde ocurrieron los hechos, al presentarse al lugar los agentes policiales para iniciar las investigaciones, estos fueron recibidos a pedradas por los vecinos que defendían así su solidaria aristocracia del boroneo de pesos, droga, sangre. (Nada tan solidario como un narco cuando necesita marcar su territorio).

CUANDO LA IMPUNIDAD ES UNA FIESTA.- Entonces, ahí está, como tantas otras veces, la tragedia. Poco importan los detalles, inocencias o culpabilidades de este hecho en particular. Lo que importa es saber como se sabe, que el país nacional se desparrama institucionalmente, que la delincuencia de cuello blanco de grupos insaciables o esta otra de cuello rojo de sangre y sangre están destruyendo al país y sus familias, y cada vez son más los que van cediendo a la presión y al espanto de confirmar desde la dolorosa certidumbre de los hechos, que viven en una sociedad en donde, como nunca, el único pecado sin perdón es la pobreza. ¡Donde la impunidad es una fiesta, la sociedad será el infierno!

 

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