Como se sabe, los moteles son templos de meditación horizontal para el amor y sus mieles. Y además son mágicos, pues lo que no cura el amor, no hay cura o pastor, presidente, médico ni fortuna que lo sane. (“¿Qué es un cuerpo sin un beso?”)

Es por esto por lo que no termina uno de entender la mala prensa y peor reputación de los moteles, a pesar de sus aportes a la felicidad ciudadana y al Estado… de la pasión.

Los moteles tienen vital importancia para el embellecimiento y el desarrollo urbanístico de una provincia.

La mejor carta de presentación de una ciudad es mostrar -desde su mismísima entrada- su bendita vocación para el amor y “la divina pelea de los cuerpos”, que decía creo que Pemán; hablo de poder exhibir desde sus primeros metros unos templos donde sólo hay espacio para la pasión y sus dulces excesos.

En el próximo Consejo de Gobierno, en la penúltima reunión del C.P. del PLD o de la dirección del PRM, en la sesión final de la próxima asamblea del CONEP, o en un mitting and briefing de La Embajada con los diversos sectores del país, debería tratarse el tema de la mala imagen de los moteles, un asunto de justicia, pues a nadie en su sano juicio -ni siquiera en la desventura que causa un adiós inesperado,- se le ocurre visitar un motel para hacer nada más que no sea el amor, casi todo.

No. Mis dilectos. Nadie visita un motel para planificar latrocinios, para traficar influencias o inventar misóginas componendas, para redactar cartas anónimas, diseñar foros públicos de vil caliesaje contra damas de ovarios dobles y faldas largas de doble ruedo.

No. A esos Taj Mahal del ensueño de los cuerpos nadie asiste para dedicarse a eliminar cesantías, a interpelar jueces electorales con dictatoriales modales, o a crear empresas fantasmas para estafar a los gobiernos. No.

Lo de los moteles es el santo fornicio y su capacidad para demostrarle a santa dama, “lo inútil que fue entonces tu vestido negro”.

Entonces, ¡Un Respeto! Un respeto a los moteles que nada tienen que ver con la partidocracia reinante ni con la plutocracia insaciable.

Lo de ellos no son los grandes capitales sino las pequeñas pasiones.

Lo de los moteles no es el poder sino el hacer de cada entrega una victoria.

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