“Igual que en la vidriera irrepetuosa de los cambalaches/ se ha mezclao la vida/, y herida por un sable sin remache/ ves llorar la Biblia junto a un calefón.” E. Santos Discépolo

Si a la fragilidad institucional de nuestra democracia le sumamos el uso de las armas crueles de peor cinismo, el abuso de las public relations y las estrategias de la comunicación política, y le añadimos la aplicación selectiva (casi exclusiva) de las leyes a quienes no tienen capacidad para afectar la popularidad del gobierno, todo esto provocará en quien lo padezca la urgente necesidad de cantar “Cambalache”, el memorable tango que en 1934 escribiera Enrique Santos Discépolo, inmortalizara Julio Sosa y que tiene desde entonces una terrible y dolorosa actualidad.

Para sustentar lo afirmado y justificar la necesidad de tal interpretación tanguera, uno tiene a mano el ejemplo del INTRANT que tiene cuatro nuevos manuales para obtener licencias de conducir y hasta un simulador virtual (devaneo primermundista que uno saluda) para practicar antes de tomar el examen teórico y, sin embargo, no es capaz de evitar que un vehículo circule por nuestras sin marbete o en vía contraria, o que un conductor cruce un semáforo en rojo. Por no poder, el INTRANT no puede cumplir con la más elemental de todas sus funciones/ metas: recuperar la autoridad perdida de sus agentes frente a la ciudadanía y especialmente frente a “los padres de familia” del concho y las “voladoras”, reforzados ahora con el caótico motoconcho. Pero hay más: en el Congreso Nacional, -donde hay asesores para todo, incluidas las ciencias jurídicas-, se aprueban leyes que se contradicen entre sí, como la de Partidos y la de Régimen electoral… y sigue el tango: Tenemos una JCE incapaz de aplicar el reglamento de la ley que debería regular a unos partidos que -fuera de plazo legal- han iniciado sus campañas electorales y celebran actos donde quiera y cómo quiera. Muy mal anda un país -aunque su economía crezca como China y disminuya la pobreza- donde la ley es apenas una cosa (o vaina) utilizada selectivamente y con inusitada eficiencia contra el hombre decente y su familia.

Entonces, mientras nos llega un Donaldo Trump (alias Chapita), seguiremos rindiendo homenaje a don Enrique y su tango tan citado él por los escribidores de diarios y “opinólogos” consumados, e incluso por los consumidos, cuando llega la indignación y no tienen a mano ni siquiera una Marcha Verde, porque a sus voceros más fieles alguien ¿? les convenció de que pueden llegar a ser alcaldes y diputados en febrero. (Ante la mala política celebremos el buen amor, que de amar al prójimo, de  servir a los demás se trató alguna vez eso de la política. “… para que no me olvides/ ni siquiera un momento/ romperé las distancias y detendré para siempre el tiempo…”. Pues sí.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s