A pesar de que los hechos y los encuentros nos sugieren lo contrario, (igual que en 2011), uno sigue pensando que el presidente Danilo Medina no se repostulará. Y es que, todos los factores que en 2015 favorecían la reelección con modificación constitucional incluida, son los mismos que hoy la hacen inviable, inconveniente, y sobre todo suicida. Veamos.

A Estados Unidos, -que actualmente enfrenta a los presidentes Maduro, Ortega y Evo por la misma razón-, no puede hacerle gracia una cuarta modificación constitucional con la única intención de habilitar al presidente de turno. Hagan memoria.

A diferencia de 2015, esta vez el CONEP sí ha expresado pública y reiteradamente su rechazo a otra modificación constitucional. Sumo y sigo. En mayo 2019, la aceptación de la repostulación es inversamente proporcional a la de 2015, y aquel 70 % de apoyo es hoy un 68%, de rechazo, según Gallup, que nos dice también que, en enero 2015, la aprobación de Medina era de un 82.8% y hoy es de 48.5%. Pero hay más. Hoy la ventaja de intención de voto del PLD sobre el PRM es de apenas un 12.9%. A esto, tenemos que añadir la oposición frontal de las iglesias, con declaraciones, sermón y palabras de Semana Santa.

Aunque la posibilidad matemática de la modificación no es un problema en un país desparramado en su ética y sin controles sociales, ocurre que la magnitud de la bellaquería que se debería realizar para lograr la “hazaña” sería de tal descaro, (legisladores ausentes por colitis amebiana repentina) que provocaría un rechazo que irían más allá de la política interna y de las fronteras nacionales y lo de Menendez son los trailers.

Mientras no me demuestren lo contrario, uno confía, ya no solo en la inteligencia emocional y la madurez política de Medina y de Fernández, sino también en su capacidad de perdonar, luego de haber leído el libro de Jampolsky (El Perdón) que uno tuvo a bien enviarles.

Finalmente, sería bueno que los señores demorados se tomaran un café banilejo con Manuel Grullón, que acaba de comandar el segundo relevo o pase de antorcha en el Grupo Financiero y su banco Popular, con tan buenos resultados que ha logrado llevar a la excelencia lo que su padre, don Alejandro Grullón, soñó, creo y llevó al éxito.

No sé si me explico. Con su permiso.

 

 

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