“Llegaste tarde en el ocaso de mi vida triste”. Wello Rivas. (Bolero)

Amparada en la Ley de Partidos, una vez más la JCE anuncia la suspensión de todas las actividades proselitistas en el país, aunque el problema no está en la “suspensión” si no en el “una vez más”, pues este sería del tercer intento de la JCE por frenar a una partidocracia que anda haciendo campaña por casas, calles, campos, estadios, “arena” y “media naranja”, con la libertad con que Pedro anda por su casa. Agravado todo esto, entre muchos otros, por dos factores.

PRIMERO: Porque en el país existe una cultura política que impide a nuestros partidos admitir sus derrotas, y el ejemplo más reciente lo tenemos en un PRM para quien el PLD no ha ganado nunca unas elecciones, ni las pasadas ni las anteriores, incluyendo las que ganó desde la oposición en 2004, y esto aunque transcurridas esas elecciones todas las encuestas realizadas con posteridad confirmen la ventaja del PLD, que incluso hoy, después de 15 años ininterrumpidos de gobierno, y según la más reciente encuesta Gallup HOY, supera al PRM en casi 13 puntos.  Fíjese que no hablo aquí de irregularidades innegables o inequidades demostrables, sino de ganar y perder, de admitir que con o sin esas irregularidades e inequidades se perdió porque más electores prefirieron a su adversario, en este caso al PLD. En el diccionario de la política dominicana no existe la palabra autocrítica.

SEGUNDO: El segundo factor es menos grave, pero podría ser trágico. Se trata de que, como andan las cosas en el PLD, llevadas hasta el “atraco” y al más alto nivel partidario, no existe NINGUNA posibilidad de que el partido morado -si es que gana las elecciones- lo haga “mucho a poco” como lo ha hecho desde 2004. O sea, que las próximas elecciones serán NECESARIAMENTE reñidas, y además especialmente sucias, MUY SUCIAS, en un país donde hoy existe absoluta libertad de difamación, y un mercado electoral que -nos duela o no- prefiere el insulto a la reflexión, la “mentada de madre” a la mención de Marx o la cita de Huntington. Y todo agravado por unas FAKE NEWS (noticias falsas) en la época de esa peste mediática llamada POSVERDAD.

Entonces, en un escenario así, donde las elecciones serán inevitablemente reñidas y la partidocracia no sabe perder, urge contar con una JCE con gran capacidad gerencial, off course, pero también con muchísima voluntad, algo de “malaleche” y sobre todo autoridad, mucha autoridad, pues será esa institución y nadie más quien nos dirá en febrero como en mayo, quién ganó y quién perdió esas elecciones.  Mejor tarde que nunca.

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