Ahora, que gracias al Sabina sabe uno que todos los cuentos “parecen el cuento de nunca empezar”, y la política dominicana ha tocado el fondo con atracos partidarios a lengua armada; cuando hasta las “flores de fango” se marchitan, y la descomposición de la cotidianidad -con la inseguridad como estandarte- supera con creces todo lo que Santos Discépolo presagiaba del siglo XX en su tango “Cambalache”; justo ahora, uno siente nostalgia de doña Herminia y su night club Borinquen.

Herminia fue el templo de iniciación sexual de más de una generación de capitaleños y aledaños, en donde se exorcizaban con caricias prestadas los amores impertinentes que una “página bolero” resumía en una pregunta maldita: “¿Por qué te hizo el destino pecadora/ si no sabes vender el corazón/. ¡Divina Claridad la de tus ojos!”, y por ahí seguía Miltiño en la B-17 de la vellonera.

Ahora que la maledicencia política se ha superado a sí misma, el insulto reina sobre la reflexión y además te hace famoso; cuando el destape va pasando de las páginas de Facebook a Instagram, y el loco del barrio, el chismoso de la esquina es ahora un exitoso “influencer” por su talento y creatividad para difamar, fusilar reputaciones y sumar injurias en una sola oración; en un país así, desgarrado en sus esencias nacionales, con la familia deshecha, Carlos Marx vencido y Dios de vacaciones, “A esta hora exactamente” uno siente nostalgia de doña Herminia y sus muchachas, !ay!, sus muchachas; como lamenta que la doña no escribiera sus memorias. ¡Cuánta sabiduría desperdiciada, cuántos saberes sobre la condición humana y la hipocresía social!

Ahora que políticamente queda poco -casi nada- por ver, en el Congreso Nacional se aprueban leyes que se contradicen entre sí, y cada lunes alguno de sus miembros nos amenaza con modificar la Constitución de la República como si nos amenazara con cantar “Soltera”, de Lunay y Daddy Yankee en un karaoke; ahora es buen momento para que los honorables legisladores hagan justicia a esta educadora de las noches prohibidas , reina de la iniciación sexual que fue doña Herminia, y antes de cualquier modificación constitucional, reconozcan póstumamente como “Gran Dama Nacional” a esta gran psicóloga empírica cuando la sexología no existía como tal y la doctora Ana Simó ni siquiera había nacido.

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