Aquí, El bulevar de la vida del 13 de marzo de 2018 para Listín Diario y ZolFM.

             La política dominicana es un “Deja vú” que vuelve y vuelve cada cuatro años, cada vez que un presidente se acerca al momento en que le queda menos tiempo en el poder que el que ha estado.

            En el caso del presidente Medina existe un impedimento constitucional mediante un artículo transitorio al que sólo le falta llevar su nombre. Sin embargo, y a pesar de ese artículo, (justo y como en 2004 y en 2012 existía la prohibición constitucional de la reelección que afectaba a Hipólito y Leonel, respectivamente), estamos en marzo de 2018 y por ahí andan los esfuerzos y refuerzos, las estrategias, las vallas y los pronunciamientos, procurando hacer saber que “él sí va y puede, que el pueblo lo pide y es el que manda, que si no es él perderán las elecciones, y “Danilo sin ti se hunde este país”... como otras tantas veces y como en el caso de Mejía y Fernández en su momento.

            En medio de las acciones de promoción del mandatario (ahora toca el turno a Medina) nunca falta un elemento: El bendito silencio del beneficiario de la repostulación.

            Mientras los equipos de Hipólito Mejía o de Leonel Fernández, (con los “traductores iluminados” del primero y los olvidables “ingenieros constitucionalistas” del segundo) hacían lo suyo, en la época Medina, los “enfants terribles” del danilismo cubren todos los frentes, responden en segundo los comentarios de talk shows matutinos; y mientras todo esto pasa, el mandatario guarda silencio, y cada uno dice siempre lo mismo, aunque con palabras diferentes: “yo estoy en trabajo”, “es tiempo de avanzar no de hablar de repostulación”, “el hombre es esclavo de las circunstancias, pero no es el momento”, y dale que te pego, otra vez con el silencio, con lo fácil que hubiera sido, por ejemplo, para Leonel -en su momento- mandar a callar bien calladitos a los ingenieros constitucionalistas y sus malas intenciones, que además, los dos eran sus empleados. Y seguimos en Deja vú. Y ahora ocurre lo mismo.

            En una actitud que remite más al romanticismo del siglo XIX que a la política, los presidentes -los que firman decretos, posibilitan inversiones y jurídicos bajaderos- se dejan querer, se hacen de rogar, inspiran los versos, pero no aseguran los besos, como la dama de la blusa de amarillo del día de la inauguración del Centro León, ay, a quien, ni don José León, Yunén ni la Martínez pudieron convencer de la crueldad de su indiferencia en mi contra.

            Los presidentes se dejan querer y, llegado el momento, sacan su personal check list:

1. Qué piensa La Embajada.

2. Qué dicen las encuestas,

3.- Qué tan fuerte está mi adversario interno,

4. Qué opinan “Las Familias”, la monarquía del dinero….  Y así, a partir de la lectura de esa check list toman su decisión. Lo hizo erróneamente Mejía en 2002 y acertadamente lo han hecho Fernández en 2012, y Medina en 2016: Revisaron su check list y actuaron en consecuencia. Y así llegó 2018 y otra vez estamos donde lo dejamos, o sea, en el mismo Deja Vú nada romántico de siempre.

      Menos mal que Sor Joaquín Cardenal Sabina habita entre nosotros y debo yo ir a darle la bienvenida. “Lo nuestro duró…. ”.

13 de marzo 2018

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