El realismo mágico de nuestra fauna política es inagotable.  Ahora resulta que uno de los dos líderes de la oposición al PLD (Hipólito Mejía) respalda la propuesta de reforma constitucional para la habilitación de un adversario político que, además de presidente de la República es el líder político mejor valorado de todo el país, en todas las encuestas.

La nación no acaba de superar el ambiente de intranquilidad por el tema de la modificación constitucional para otra repostulación presidencial, cuando aparecen los bellacos del PRSC a insistir en habilitar al mandatario para que pueda ser candidato a partir de 2024; cosa que, en contradicción con la línea de su partido apoya don Hipólito, quien siempre ha dicho preferir el modelo electoral estadounidense de dos periodos y nunca más. Parece que en el “nunca más” que afecta a su amigo sureño está el detalle.

 La decisión de habilitar al Presidente a uno le parece justa, pues la inhabilitación se creó para, exclusivamente, evitar su repostulación en 2020 y ella cumplió su cometido. De todos modos, ese es un tema que todos los dominicanos tendremos que hablar despacio, pero no ahora, cuando la prioridad “prioritaria y primera” son las elecciones, en un país con unos partidos marrulleros que no saben perder, una JCE a la que le cuesta mandar, y un alocado partido de gobierno ahíto de ganar.

¡Pero vea Ud. qué vaina!

No se repone uno de la “absurda absurdidad” de don Hipólito, cuando -otra vez- suenan los tambores de guerra en el PLD ante el rumor de que el sector Medina podría desconocer el acuerdo firmado por el Comité Político en 2015, el cual otorga la presidencia de la Cámara de Diputados a un seguidor del sector Fernández.

Mientras todo esto pasa, alguien debería recordarles a las élites y al resto del  país, que lo que hoy está en juego no es la estabilidad de uno de esos matrimonios de conveniencia, bostezo y hastío, sino nuestra democracia en pañales, cada vez menos valorada por un ciudadano que en su desventura, orfandad y desesperanza comienza a mirar sin asco y hasta con cierta simpatía la posibilidad cierta de una dictadura, ¡y el nietísimo acechando! ¡Zafa!

 

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