“.. y aunque me ofrezcas consuelo, yo no lo puedo aceptar. Puedo enseñarte a volar, pero no seguirte el vuelo”. Milonga para una niña. A; Zitarrosa. 

Uno podría escribir hoy sobre el infierno peledeísta donde quienes tienen las simpatías y las intenciones de votos no pueden ser candidatos, -por la Constitución de todos o por la ambición de uno-, y los que pueden y quieren serlo, no son lo suficientemente queridos por la dama electoral tan “desinquieta” y tan sin dueño. Claro que uno podría hablar aquí del PLD, de la barbería de Villa Vásquez o los huracanes en camino. Pero no.

Como se sabe, cuando los ricos tienen problemas de familia, empresa o finanzas, para disimular dan una fiesta. En cambio, los ciudadanos comunes, cuando nos sentimos apabullados de muertes, humanas miserías y mesquindades,  penas y olvido, ay, salimos raudos tras la sonrisa de una niña; creánemol no hay dolor en este mundo que no cure la sonrisa de una niña.

Una vez conocí a una niña que lloraba desconsolada en los brazos de su tío: porque él “no me quiere llevar a la lunita, Pa”, la luna que, como una inmensa bola de queso blanco, iluminaba la noche banileja.

La niña quería que su tío la llevara a “la lunita”, como antes la había llevado al patio de la casa a recoger cerezas. “A la lunita, tío Alexis, a la lunita”, exclamaba, pero el tío no podía llevarla a la lunita, porque ya era adulto y para él ya las cosas para ser posibles tenían que ser probables, y su utopía a lo más lejos que podía llevarla era al FEFLAS, en el viejo liceo que antes fue el hospital del pueblo.

Cuando le llegue a usted un aluvión de sinsabores, y se le retranque el provenir, y en el balcón de sus nostalgias se ponga en gris una noche sin luna con un desaliento al lado… “y estén llegando las ausencias y estén pesando los olvidos”; ante tan mal tiempo, el mejor remedio no es “poner buena cara” sino buscar desesperadamente la sonrisa de una niña, ay, capaz de curar todas las penas ya dije, menos las de los partidos políticos suicidas, donde a los que pueden ser no los dejan, y a los que ser quieren, no hay forma de que la dama electoral les brinde sus favores.

PD: Todo esto es complicado. Las señoras no existen para ser comprendidas sino amadas, entonces, felices, ellas te entenderán a ti.

 

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