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Hablaba el martes aquí, de los saludos que uno regala a cualquiera, entre otras razones porque si aquí nos dedicáramos a negar saludos a todo aquel de quien sospecha uno que es un delincuente evasor, “elusionador” impositivo, político corrupto, narco que envenena, banquero/empresario que lava, medico inhumano que engaña, estaríamos entonces camino a visitar con hospedaje incluido a don Robinson Crusoe en su isla.

            Con las fotos pasa igual que con los saludos.  El problema no son las fotos sino el comportamiento, las inconductas.

            Cuánta razón tuvo don Pepín Corripio el día que afirmó: “Nuestro gran problema no es el gran número de corruptos sino la gran cantidad de aspirantes”. ¡Toma ya! Precisamente, por eso admiro tanto a los honestos que han tenido la oportunidad de ser corruptos y no lo han sido, ay, que gente hay en este país, honestas porque a vida no le ha dado la oportunidad de ser otra cosa.

            Pero por ser viernes y otras nostalgias, por tomar un respiro de Leonel y Gonzalo, no es de fotos ni de ética que quiero hablar hoy, sino de otras fotos que no remiten a la corrupción sino al santo amor y sus horizontales consecuencias. Hagan memoria.

            A todos algunas veces nos ha pasado por andar pastoreando penas entre viejos papeles, ocres baúles. Y es que una vieja foto puede ser la vuelta al mundo en cualquier día o, el regreso a aquel día en que aquella mujer por huir de tanta falsa moneda y porcelana, vencida por sus propias mentiras, te hizo sentir dueño del mundo… y había un mar.

            Una foto es una forma súbita y cruel de volver al pasado. Túnel del tiempo a todo color, como en cinemascope, pero este duele.

            Comenzamos a revisar el viejo álbum de viejas fotos, y al hacerlo revivimos países viejos, bahías azules, un sillón de amarillo, un blanco diván, aroma a cocina, la mesa de negro, dulces de chinola, delicias de besos, la dacha en el campo azul y pequeña… y en ese plan.

            Las fotos pueden ser, no solo la prueba de un acto de corrupción, sino también la evidencia en gris de que alguna vez entre dos seres florecieron geranios, ay, que, en cuestiones de amor, cuando una mujer nos regala su foto es porque ya le hemos robado el corazón al original.

            Como ven, ese es el gran riesgo de encontrarse con ellas, las fotos, por andar pastoreando penas…. y llega el invierno.

 

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