En El Bulevar 200

El problema vital es el alma/ El problema es de resurrección/ El problema/ señor/ será siempre sembrar amor.  Rodríguez. “El problema”.

            El problema nacional no es el dengue ni la fusión fronteriza inevitable y cotidiana. Ni siquiera es el OPUS DEI que con su fundamentalismo islámico mete miedo a los gobiernos para que se siga asesinando mujeres pobres en los patios porque la clase media tiene siempre un obstetra que, en clínicas aseadas, resuelve incluso más allá de las tres causales que uno apoya. Es grave todo esto, pero no es lo más grave, ni el mayor problema.

            El gran problema nacional es que el país se ha quedado sin árbitros, sin éticas referencias, sin ilusión, utopías ni fe, como, a veces, los amores, ay, se quedan sin sol, y llegan las sombras, y lloran las flores entre los adoquines de la nostalgia. (Algo así, como quedarse sin Dios y que no existieran tus ojos, digo yo.)

            Y así vamos los dominicanos, en un escatológico Cambalache, materialmente menos pobres que nunca, ¡cómo negarlo!, líderes regionales en inversión extranjera, crecimiento, turismo y mulatas de buen ver, con unas estancias infantiles de pura madre, con una jornada escolar extendida que las madres agradecen, con un CAID que es un poema, o ese devaneo primermundista que es el sistema 9-1-1, o la ayuda vial en las carreteras.

            Sin embargo, en lo fundamental, ¡Ahora sí que somos pobres!, miserablemente pobres de alma, espíritu y sueños, y no porque nos haya vencido la partidocracia y sus señores o los príncipes del capital y sus abogadas crueles, sino porque hemos perdido el camino de la ilusión, de la esperanza, de la posibilidad cierta de creer que “mañana, hijo mío, todo será distinto”.  

            Pero el asunto es peor. “Es más grave, muchísimo más grave”.

            La mayor desgracia de un país no es que sus hijos dejen de creer en los hombres y en sus dioses, sino en sí mismo, convencidos ya de que nada sirve y todo vale, porque el único pecado/delito sin perdón es la pobreza y sus garras. Si lo duda, pregunte por el origen de la mayoría de las grandes fortunas nacionales, ay, los amigos financiadores o ex ministros de todos los gobiernos que gobierno han sido, desde Santana en San Cristóbal, hasta ayer como a las once. Los pueblos son de memoria corta y llanto largo y por eso la cotidianidad los devora.

             Por todo esto, es una necedad preguntar quién ganará las primarias de este domingo, si con lo visto y padecido, ya todos hemos perdido. ¡Ay, país!

P.D. Menos mal que ante mis ojos hay un mar, y casi llueve, “y si llueve, mi patriotismo es erótico. Entonces, mi patria empieza en sus ojos y no termina sino en sus fuentes”. Perdón por la nostalgia. Ahora salgo a votar.

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