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De allantes, Jung, Montesquieu y autoengaño

            Comencemos con don Mario para situar el problema y ofrecer el consejo: “De vez en cuando hay que hacer una pausa, contemplarse a sí mismo sin la fruición cotidiana (…) y no llorarse las mentiras sino cantarse las verdades.

            A los dominicanos nos matan los decoraos, las apariencias. Allantamos mucho al otro, sí, pero lo peor es que nos allantamos a nosotros mismos.

            Ocurre, por ejemplo, con el número de universidades e institutos superiores reconocidos como tales por las agencias del Estado: Suman más de cuarenta. Pero de esas casi cincuenta instituciones, por lo menos dos terceras partes son colegios  malos “de quinta categoría porque no hay sexta”, en donde se gradúan unos autoengañados señores que reciben un título, por ejemplo, de licenciado en Derecho, tan válido como el de Luis Miguel Pereyra o Marisol Vicens, Juárez Castillo o Cristóbal Rodríguez, y buscarán un empleo que no encontrarán porque no están preparados para desempeñarlo. Finalmente, desesperados, harán de chofer durante una campaña a un político de la partidocracia, quien al triunfar pagará los servicios prestados con una “botella” en una consultoría jurídica de una institución del Estado, tan desolada de verdaderos abogados, que para pelear en los tribunales debe contratar abogados de verdad. O en el peor de los casos puede ocurrir que los jóvenes “licenciados” no encuentren ese político amigo en campaña, y serán entonces un club de frustrados desempleados por los siglos de los siglos, maldiciendo después de cada cerveza en el  colmadón barrial “a este país de mierda” donde los empresarios “narcotraficantes” y “lavadores de activos” “sólo contratan a los “blanquitos” de la PUCMM o UNIBE.

            El asunto plantea un drama humano y desolador. Pues esos “graduados”, a pesar de su ignorancia en la materia de “su profesión”, se consideran abogados, psicólogos o comunicadores sociales de verdad, y ya sólo están dispuestos a trabajar en esas funciones para las cuales no han recibido ni poseen las mínimas habilidades.

            Hablo de abogados que consideran que Montesquieu es apenas un monte que esta ready, o sea, en “kiu”/cue para actuar; psicólogos para quienes Jung (Carl Gustav) es tan solo la primera palabra que define un “frio-frío” en Baní, o licenciados en comunicación social que están seguros de que “habemos” periodistas “cerios” porque “ello hay“livertad” de prensa.  

            Que somos el país del allante, oiga usted. Las apariencias nos matan. El decora,0 nos enamora.

            Desde siempre y por herencia hemos sido unos acomplejados mulatos, juerguistas andaluces pasados por África; raros señores esforzados en allantar y mentir a los demás, pero ya ven, hemos tocado fondo y llegado al peor de los escenarios posibles: hablo de que ya no sólo pretendemos (vano esfuerzo) engañar a los demás, sino que en nuestra torpe alienación hemos llegado a creernos nuestras propias mentiras, a engañarnos a nosotros mismos, y todo por no leer a Goleman ni citar a don Mario: “De vez en cuando hay que hacer una pausa, contemplarse a sí mismo sin la fruición cotidiana (…) y no llorarse las mentiras sino cantarse las verdades.

La sociedad del autoengaño

La educación es un tema que atraviesa todos los problemas nacionales y sus soluciones. Sin embargo, parecería que esa verdad de Perogrullo no está realmente aceptada, social ni gubernamentalmente.

            Desde 1988, por lo del gran consenso que fue el Plan Decenal de Educación, el país  tiene identificados los grandes problemas de la educación dominicana.

            Muchos temas son importantes para mejorar el sistema educativo nacional: la selección de lo que se va a enseñar, la calidad de las instalaciones educativas, el buen uso de la tecnología disponible, el involucrar a los padres en la educación de sus hijos, ¡Bien! Sin embargo, todos ellos son secundarios ante la importancia determinante y decisiva del Maestro, ese que por ahí anda “con el alma en una nube, y el cuerpo como un lamento…” que canta Patxi Andión.

            En la importancia fundamental del maestro como eje determinante en la calidad de la educación estamos de acuerdo los dominicanos por lo menos desde 1988 o antes. O sea, que hace 25 años que está sociedad y sus gobiernos manejan el dato y lo “consensuaron” en planes, cumbres, informes, diagnósticos… ¿Y qué hemos hecho para actuar en consecuencia? A partir de los resultados, digamos, optimistas, que poco, poco, casi nada.

            Salvo en lo que tiene que ver con el aumento de la cobertura escolar, poco ha avanzado la educación dominicana en relación con nuestro gran crecimiento económico de los últimos cuarenta años, de tal manera que más de uno de nosotros –hijos y nietos de maestros- podría parafrasear a George Bernard Shaw y afirmar con gadejo: “Mi educación fue muy buena hasta que mis padres cometieron el error de mandarme a la escuela”.

            Y si había alguna duda sobre la veracidad de todo lo aquí afirmado, mi dilecta doña Ligia Amada Melo, maestra de la vida toda, y actual ministra de Educación Superior, acaba de confirmarlo al decir: “a pesar de que el 90% de los profesores están titulados, una parte importante no domina los contenidos y por eso no se evidencias cambios en las aulas”. No más preguntas, magistrado. O sea, que lo nuestro ha sido por 40 años, puro allante y movimiento, decorao de fotos, populismo educativo.

            Somos la sociedad del autoengaño. El amor por las apariencias carcome a esta sociedad fantoche de poses y escenografía. ¿Hasta cuándo?  Queda aquí la advertencia. Y termino con un ejemplo que siempre cito: Después de 40 años de quebrar bancos impunemente, sólo después del derrumbe del hundimiento de los Bancos Baninter, Bancredito y Mercantil, y la intervención del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, (y organismos internacionales de la cosa, casi todos), solo entonces, ya digo, fue posible poner orden y respeto a las reglas de juego en el sistema financiero nacional, que es hoy más confiable y seguro que el amor de una madre dominicana… pero sólo después de esas quiebras… y 79 mil millones de pesos, con los que se hubiese creado la Universidad Nacional del Magisterio, y no antes.

            ¿Necesita esta sociedad, una quiebra pero institucional, una hecatombe de antifé, un joderse casi todo para poder reaccionar? No lo sé, pero a veces lo sospecho.

            Inseguridad, impunidad, desempleo, populismo, violencia, reinado de la ignorancia, la familia hecha pedazos, una mujer que muere por su derecho a olvidar, ay, don Radha, que la realidad y sus sombras nos están meando encima, pero nosotros insistimos en creer que llueve, llueve… llovizna.

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA JORNADA MUNDIAL DEL EMIGRANTE Y DEL REFUGIADO 2014 

«Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor»

Queridos hermanos y hermanas:

Nuestras sociedades están experimentando, como nunca antes había sucedido en la historia, procesos de mutua interdependencia e interacción a nivel global, que, si bien es verdad que comportan elementos problemáticos o negativos, tienen el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la familia humana, no sólo en el aspecto económico, sino también en el político y cultural. Toda persona pertenece a la humanidad y comparte con la entera familia de los pueblos la esperanza de un futuro mejor. De esta constatación nace el tema que he elegido para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado de este año: Emigrantes y refugiados: hacia un mundo mejor.

Entre los resultados de los cambios modernos, el creciente fenómeno de la movilidad humana emerge como un “signo de los tiempos”; así lo ha definido el Papa Benedicto XVI (cf. Mensaje para la Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado 2006). Si, por un lado, las migraciones ponen de manifiesto frecuentemente las carencias y lagunas de los estados y de la comunidad internacional, por otro, revelan también las aspiraciones de la humanidad de vivir la unidad en el respeto de las diferencias, la acogida y la hospitalidad que hacen posible la equitativa distribución de los bienes de la tierra, la tutela y la promoción de la dignidad y la centralidad de todo ser humano.

Desde el punto de vista cristiano, también en los fenómenos migratorios, al igual que en otras realidades humanas, se verifica la tensión entre la belleza de la creación, marcada por la gracia y la redención, y el misterio del pecado. El rechazo, la discriminación y el tráfico de la explotación, el dolor y la muerte se contraponen a la solidaridad y la acogida, a los gestos de fraternidad y de comprensión. Despiertan una gran preocupación sobre todo las situaciones en las que la migración no es sólo forzada, sino que se realiza incluso a través de varias modalidades de trata de personas y de reducción a la esclavitud. El “trabajo esclavo” es hoy moneda corriente. Sin embargo, y a pesar de los problemas, los riesgos y las dificultades que se deben afrontar, lo que anima a tantos emigrantes y refugiados es el binomio confianza y esperanza; ellos llevan en el corazón el deseo de un futuro mejor, no sólo para ellos, sino también para sus familias y personas queridas.

¿Qué supone la creación de un “mundo mejor”? Esta expresión no alude ingenuamente a concepciones abstractas o a realidades inalcanzables, sino que orienta más bien a buscar un desarrollo auténtico e integral, a trabajar para que haya condiciones de vida dignas para todos, para que sea respetada, custodiada y cultivada la creación que Dios nos ha entregado. El venerable Pablo VI describía con estas palabras las aspiraciones de los hombres de hoy: «Verse libres de la miseria, hallar con más seguridad la propia subsistencia, la salud, una ocupación estable; participar todavía más en las responsabilidades, fuera de toda opresión y al abrigo de situaciones que ofenden su dignidad de hombres; ser más instruidos; en una palabra, hacer, conocer y tener más para ser más» (Cart. enc. Populorum progressio, 26 marzo 1967, 6).

Nuestro corazón desea “algo más”, que no es simplemente un conocer más o tener más, sino que es sobre todo un ser más. No se puede reducir el desarrollo al mero crecimiento económico, obtenido con frecuencia sin tener en cuenta a las personas más débiles e indefensas. El mundo sólo puede mejorar si la atención primaria está dirigida a la persona, si la promoción de la persona es integral, en todas sus dimensiones, incluida la espiritual; si no se abandona a nadie, comprendidos los pobres, los enfermos, los presos, los necesitados, los forasteros (cf. Mt 25,31-46); si somos capaces de pasar de una cultura del rechazo a una cultura del encuentro y de la acogida.

Emigrantes y refugiados no son peones sobre el tablero de la humanidad. Se trata de niños, mujeres y hombres que abandonan o son obligados a abandonar sus casas por muchas razones, que comparten el mismo deseo legítimo de conocer, de tener, pero sobre todo de ser “algo más”. Es impresionante el número de personas que emigra de un continente a otro, así como de aquellos que se desplazan dentro de sus propios países y de las propias zonas geográficas. Los flujos migratorios contemporáneos constituyen el más vasto movimiento de personas, incluso de pueblos, de todos los tiempos. La Iglesia, en camino con los emigrantes y los refugiados, se compromete a comprender las causas de las migraciones, pero también a trabajar para superar sus efectos negativos y valorizar los positivos en las comunidades de origen, tránsito y destino de los movimientos migratorios.

Al mismo tiempo que animamos el progreso hacia un mundo mejor, no podemos dejar de denunciar por desgracia el escándalo de la pobreza en sus diversas dimensiones. Violencia, explotación, discriminación, marginación, planteamientos restrictivos de las libertades fundamentales, tanto de los individuos como de los colectivos, son algunos de los principales elementos de pobreza que se deben superar. Precisamente estos aspectos caracterizan muchas veces los movimientos migratorios, unen migración y pobreza. Para huir de situaciones de miseria o de persecución, buscando mejores posibilidades o salvar su vida, millones de personas comienzan un viaje migratorio y, mientras esperan cumplir sus expectativas, encuentran frecuentemente desconfianza, cerrazón y exclusión, y son golpeados por otras desventuras, con frecuencia muy graves y que hieren su dignidad humana.

La realidad de las migraciones, con las dimensiones que alcanza en nuestra época de globalización, pide ser afrontada y gestionada de un modo nuevo, equitativo y eficaz, que exige en primer lugar una cooperación internacional y un espíritu de profunda solidaridad y compasión. Es importante la colaboración a varios niveles, con la adopción, por parte de todos, de los instrumentos normativos que tutelen y promuevan a la persona humana. El Papa Benedicto XVI trazó las coordenadas afirmando que: «Esta política hay que desarrollarla partiendo de una estrecha colaboración entre los países de procedencia y de destino de los emigrantes; ha de ir acompañada de adecuadas normativas internacionales capaces de armonizar los diversos ordenamientos legislativos, con vistas a salvaguardar las exigencias y los derechos de las personas y de las familias emigrantes, así como las de las sociedades de destino» (Cart. enc.Caritas in veritate, 19 junio 2009, 62). Trabajar juntos por un mundo mejor exige la ayuda recíproca entre los países, con disponibilidad y confianza, sin levantar barreras infranqueables. Una buena sinergia animará a los gobernantes a afrontar los desequilibrios socioeconómicos y la globalización sin reglas, que están entre las causas de las migraciones, en las que las personas no son tanto protagonistas como víctimas. Ningún país puede afrontar por sí solo las dificultades unidas a este fenómeno que, siendo tan amplio, afecta en este momento a todos los continentes en el doble movimiento de inmigración y emigración.

Es importante subrayar además cómo esta colaboración comienza ya con el esfuerzo que cada país debería hacer para crear mejores condiciones económicas y sociales en su patria, de modo que la emigración no sea la única opción para quien busca paz, justicia, seguridad y pleno respeto de la dignidad humana. Crear oportunidades de trabajo en las economías locales, evitará también la separación de las familias y garantizará condiciones de estabilidad y serenidad para los individuos y las colectividades.

Por último, mirando a la realidad de los emigrantes y refugiados, quisiera subrayar un tercer elemento en la construcción de un mundo mejor, y es el de la superación de los prejuicios y preconcepciones en la evaluación de las migraciones. De hecho, la llegada de emigrantes, de prófugos, de los que piden asilo o de refugiados, suscita en las poblaciones locales con frecuencia sospechas y hostilidad. Nace el miedo de que se produzcan convulsiones en la paz social, que se corra el riesgo de perder la identidad o cultura, que se alimente la competencia en el mercado laboral o, incluso, que se introduzcan nuevos factores de criminalidad. Los medios de comunicación social, en este campo, tienen un papel de gran responsabilidad: a ellos compete, en efecto, desenmascarar estereotipos y ofrecer informaciones correctas, en las que habrá que denunciar los errores de algunos, pero también describir la honestidad, rectitud y grandeza de ánimo de la mayoría. En esto se necesita por parte de todos un cambio de actitud hacia los inmigrantes y los refugiados, el paso de una actitud defensiva y recelosa, de desinterés o de marginación –que, al final, corresponde a la “cultura del rechazo”- a una actitud que ponga como fundamento la “cultura del encuentro”, la única capaz de construir un mundo más justo y fraterno, un mundo mejor. También los medios de comunicación están llamados a entrar en esta “conversión de las actitudes” y a favorecer este cambio de comportamiento hacia los emigrantes y refugiados.

Pienso también en cómo la Sagrada Familia de Nazaret ha tenido que vivir la experiencia del rechazo al inicio de su camino: María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lc 2,7). Es más, Jesús, María y José han experimentado lo que significa dejar su propia tierra y ser emigrantes: amenazados por el poder de Herodes, fueron obligados a huir y a refugiarse en Egipto (cf. Mt2,13-14). Pero el corazón materno de María y el corazón atento de José, Custodio de la Sagrada Familia, han conservado siempre la confianza en que Dios nunca les abandonará. Que por su intercesión, esta misma certeza esté siempre firme en el corazón del emigrante y el refugiado.

La Iglesia, respondiendo al mandato de Cristo «Id y haced discípulos a todos los pueblos», está llamada a ser el Pueblo de Dios que abraza a todos los pueblos, y lleva a todos los pueblos el anuncio del Evangelio, porque en el rostro de cada persona está impreso el rostro de Cristo. Aquí se encuentra la raíz más profunda de la dignidad del ser humano, que debe ser respetada y tutelada siempre. El fundamento de la dignidad de la persona no está en los criterios de eficiencia, de productividad, de clase social, de pertenencia a una etnia o grupo religioso, sino en el ser creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26-27) y, más aún, en el ser hijos de Dios; cada ser humano es hijo de Dios. En él está impresa la imagen de Cristo. Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado no sólo un problema que debe ser afrontado, sino un hermano y una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados, una ocasión que la Providencia nos ofrece para contribuir a la construcción de una sociedad más justa, una democracia más plena, un país más solidario, un mundo más fraterno y una comunidad cristiana más abierta, de acuerdo con el Evangelio. Las migraciones pueden dar lugar a posibilidades de nueva evangelización, a abrir espacios para que crezca una nueva humanidad, preanunciada en el misterio pascual, una humanidad para la cual cada tierra extranjera es patria y cada patria es tierra extranjera.

Queridos emigrantes y refugiados. No perdáis la esperanza de que también para vosotros está reservado un futuro más seguro, que en vuestras sendas podáis encontrar una mano tendida, que podáis experimentar la solidaridad fraterna y el calor de la amistad. A todos vosotros y a aquellos que gastan sus vidas y sus energías a vuestro lado os aseguro mi oración y os imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 5 de agosto de 2013.

 

FRANCISCO

Las cavernas

“Sería fantástico que todos fuéramos hijos de Dios”. J.M. Serrat.  

            Tal que el pasado viernes, terminábamos el bulevar afirmando que si el presidente Medina quiere “hacer lo que nunca se ha hecho” en el tema migratorio, solo tiene que mandar a aplicar la ley de migración, su reglamento y el proceso de regulación que él manda, y en adición firmar una Ley de Amnistía que reconozca la nacionalidad dominicana de los algo más de 22 mil seres humanos que nacieron en Dominicana, hijos de ciudadanos haitianos que el Estado trajo al país a trabajar fundamentalmente en la industria azucarera e inscribió en el registro de la JCE. (En el CEA están esos archivos).

            Aunque es bueno destacar que el asunto no es jurídico, sino político y sobre todo económico empresarial. Tanto así, que si el presidente Medina tomara esa decisión -justa y humana-, lo de menos serían los celos del Tribunal Constitucional porque lo de más sería el tener que enfrentar a sectores del mediano y sobre todo del gran capital que con sus Medios, sus “medias”, con sus periodistas, sus abogados y sus intelectuales, y por supuesto con sus millones de dólares, “crean” la opinión pública y “dirigen” la percepción electoral y las preferencias de los votantes, (favor releer La espiral del silencio, de doña Noelle-Neumann), y lo que es más grave política y electoralmente: lo hacen en un país donde la mitad de sus habitantes incluidos algunos profesionales del derecho, del periodismo y muchos de la política no superan una prueba de lectura comprensiva, con la agravante de que en ninguna parte del mundo se ejerce con tanta vehemencia, irrespeto y desvergüenza, la ignorancia. (Insulta quien ha perdido las ideas o nunca las ha tenido).

            El Presidente Medina, que hasta ahora y a partir de sus decisiones en torno a casos como el de Bahía de las Águilas o Barrick Gold ha mostrado valentía y disposición a batirse con molinos de poder que no de vientos, (y le ha ido tan bien que es hoy el mandatario mejor valorado del todo el continente), debe atreverse a romper la rueda de componendas y corrupción que nunca ha dejado de rodar y rodar en la vida política, económica y social de nuestro país. No es con una economía con sectores productivos aletargados y parasitarios, -cuya competitividad en un mundo globalizado depende de una mano de obra semi-esclava y sin derechos- como avanza un país y se alcanza el desarrollo sostenible y la civilización.

            Sería una decisión heroica pero arriesgada, lo admito, señor Presidente. Nunca nadie se ha atrevido a tanto. ¡Parecería un haraquiri! Pero si bien, nadie está obligado a lo imposible, si debería obligarse a ser justo y humano. Como es humano evitar un genocidio civil, un cementerio de hombres vivos, e impedir la creación de un sistema de apartheid y guetos, que retornaría la República Dominicana a las cavernas, en una especie de inquisición jurídico-migratoria que la comunidad internacional no puede y no va a aceptar. 

            Hablo de unas cavernas de las que ciertos señores en su ambición desmedida, a pesar de su english sin acento, su Romana, su Aspen y su Vail, su París, una misa, dos maestrías, tres Yulendis y diez años de visa gringa… no han salido nunca.

Casa de Citas (5) Reglas de vida.

            Usurpando sin su permiso la función del Centro Vida y Familia, en sábado de Casa de Citas comparto con ustedes estas reglas de vida diseñadas por el Instituto Francés de Ansiedad y Estrés, de París.

            1.- HAGA UNA PAUSA. Realice una pausa de 10 minutos por cada 2 horas de trabajo. Repita estas pausas en su vida diaria y piense en usted, analizando sus actitudes.

2. APRENDA A DECIR NO. Y hágalo sin sentirse culpable, o creer que lastima a alguien. Querer agradar a todos es un desgaste enorme.

3. PLANIFIQUESE. Planee su día, pero deje siempre espacio para cualquier imprevisto. No todo depende de usted.

            4. UNA TAREA A LA VEZ. Concéntrese en apenas una tarea a la vez. Por más ágil que sean sus cuadros mentales, usted se cansa.

5USTE NO ES INDISPENSABLE. Por más que eso le desagrade, todo camina sin su actuación, a no ser usted mismo.

            6. PIDA AYUDA. No dude en pedir ayuda siempre que sea necesario, teniendo el buen sentido de pedírsela a las personas correctas.

7. SEPARE PROBLEMAS REALES DE LOS IMAGINARIOS. Y los imaginarios, elimínelos. Ellos son una pérdida de tiempo.

8. DESCUBRA EL PLACER DE LAS COSAS SENCILLAS. Hablo de cosas cotidianas como dormir, comer y pasear, y sin creer que es lo máximo que puede conseguir en la vida.

9. SU FAMILIA NO ES USTED. Está junto a usted, compone su mundo pero no es su propia identidad.

10. UN AMIGO. Tenga siempre a alguien a quien le pueda confiar y hablar abiertamente.

11. CONOZCA LA HORA ACERTADA DE SALIR. Nunca pierda el sentido de la importancia sutil de salir de una cena, levantarse del palco y dejar una reunión a la hora correcta.

12. PERDONE Y OLVIDE. Que el odio y el resentimiento de los otros no le dañen. Aprenda a perdonar. No se interese en saber si hablaron mal de usted. Escuche lo que hablaron bien de usted, con reserva analítica y sin creérselo todo, y siga hacia adelante.

13. EVITE EL FUNDAMENTALISMO Y LA INTOLERANCIA. La rigidez es buena para las piedras, no para los seres humanos.

14. DIVIÉRTASE. El placer recompensa más que el sueño. Una hora de inmenso placer sustituye tres horas de sueño perdido. No pierda una buena oportunidad de divertirse.

15. SOMOS LOS ARQUITECTOS DE NUESTRO PROPIO DESTINO.  (O mejor, siempre que pueda, relea a Amado Nervo“..a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno! Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

 

Mano de obra barata: El meollo

Hasta ahora toda decisión, acción o falta de ella de parte de nuestros gobiernos en el tema migratorio, ha girado en torno a promover y posibilitar la existencia en el mercado laboral dominicano de una mano de obra ilegal y por lo tanto barata, sumisa y sin derechos ante la ley.

            Uno de nuestros príncipes florentinos del gran capital diría sin inmutarse a cualquiera de nuestros gobiernos: “Hey, oiga usted, mozo, póngame mano de obra barata, por  favor, y si no es mucha molestia, que sea ilegal. Y que salga con patatas y unos hongos portobellos ahogados en vino blanco”. (No te jode).

Mano de obra barata por ilegal: He ahí el meollo, el porqué durante décadas el Estado Dominicano se ha negado con todos los  pretextos posibles a aplicar una política migratoria definida frente a Haití, salvo la política de no aplicar ninguna política. Desde hace 8 años tenemos la ley 285-04 de migración, que desde hace seis tiene un reglamento que explica cómo aplicar un proceso de regularización, pero nada.

En la Dominicana, la vida política y empresarial gira en torno a unas prácticas de corrupción y prevaricación que son las que crean los grupos económicos o fortalecen los ya existentes (-cada partido gobernante ha hecho esto desde hace dos siglos-), y que son los que financian partidos para que estos ganen elecciones, además de “facilitar” el ascenso económico de algunos miembros o relacionados de ellos (los partidos).

La Dominicana necesita mano de obra haitiana para el trabajo duro que los dominicanos ya no están dispuestos a realizar porque pueden ganarse la vida con menor esfuerzo y mayores ganancias en otras actividades. Pero esa mano de obra debe residir legalmente en el país para así tener derechos y deberes y no convertirse en blanco de la sobreexplotación de vocación feudal de los señores, evitando la creación de guetos de marginación, hacinamiento y miseria absoluta.

Los señores no quieren una mano de obra legal porque además, les obligaría a trasparentar sus actividades empresariales, el origen de sus activos, y hasta pagar impuestos y seguridad social por ello, que es justo y lo que hacen ya 76 mil dominicanos mini y maxi empresarios, miembros de facto del Club de los Pendejos. Bienvenidos al Club.

Contrario a lo que tanto se cantaletea aquí, no es el racismo ni la xenofobia antihaitiana lo que inspira estas desidias e irresponsabilidades de gobiernos en apoyo a empleadores. No. Esos empleadores no son xenófobos racistas sino capitalistas de las cavernas, sobrinos de un Lucifer, ahijados de un Torquemada empresarial.

            Si el  Presidente Medina quiere “hacer lo que nunca se ha hecho” en el tema migratorio, esta es su oportunidad. La decisión sería heroica y humana, patriótica y cristina, pero delicada y peligrosa, muy peligrosa. De esa oportunidad presidencial hablaremos el lunes, que mañana toca Casa de Citas en este Bulevar de la vida. Con permiso.

Martha Heredia (El éxito y el fracaso)


Este bulevar fue escrito el 10 de diciembre de 2009, justo y la noche en que Martha Heredia triunfó frente al mundo en el Latin American Idol. Al releerlo, es una pena confirmar que dolorosamente se hicieron realidad todos nuestros temores: En muchas ocasiones, y ante ciertas circunstancias, es mucho más difícil sobrellevar en paz un gran éxito –inesperado- que un gran fracaso.     

“Somos un país aplazado que siempre llega tarde a sus citas con la historia. Pero ahora, además de llegar tarde, erramos el camino y confundimos los personajes. Ante la magnitud de la crisis ética y existencial que abate al ser nacional, uno esperaba que cualquier día de estos, al país se le apareciera un adalid  que le inspirara una quimera y nos convidara a todos a reinventarnos la patria… y a nosotros mismos. (La patria somos todos. El mar es una gota de agua repetida y vuelta a repetir.); justo y cuando esperábamos a un Simón Bolívar con su Manuela y su contrariado amor, a un José Martí sin Ríos de muerte, o quizás a un Máximo Gómez con su carga al machete; a una Juana de Arco caribeña, pues mire usted que quien se aparece temperamental y grandiosa, imponente y triunfadora es una jovencita de nombre Martha Heredia. Hay que ver lo que puede el show business, y lo que pueden los poetas, pues el guión de Latin American Idol no lo escribió un gerente.  ¡Qué buena actuación de todos, qué excelente reparto e inmejorable distribución de personajes! Que un “¡Cuánto vale el Show!” bien organizado haya movilizado al país de esta manera, debe generar una discusión entre psiquiatras y cientistas sociales para explicarnos cómo los pueblos llenan sus vacios éticos, existenciales y políticos. Anoche, sin saberlo, muchos lloraban de  alegría por Martha pero en verdad lloraban de pena por su país desvencijado y “falloso”. Y es que con la militancia ciudadana y la unificación de voluntades que la Martha ha generado, los dominicanos, reunidos una tarde de domingo en la Plaza de la Bandera, podríamos refundar esta patria. “Y que salga el sol por donde quiera, con tal de que salga ya”, don Carlos Cano.

Ante el descalabro de fe que padece el país, uno esperaba un resucitar del viejo sabio de Rio Verde, el regreso de Minerva Mirabal abrazada a su Manolo, pero ya ven, quienes se aparecen son los genios de Latin American Idol coronando de éxitos a una joven mulata, carismática y maravillosa, que canta como una virgen en celos o una Edith Piaf sin amargura… y una vez más erramos el camino. La Martha por lo menos canta bien. Ojalá no olvide sus orígenes, sus principios, sus padres, sus amigos”.

Pero no fue así. Y con sus humanos errores, Martha vino a demostrarnos, que a veces es mucho más difícil sobrellevar en paz un éxito –inesperado-, que sobre llevar un gran fracaso. Si Aná Simó o Kaly Baéz no me corrigen, creo que hoy la urgencia de Martha Herdedia no es encontrarse con su público en un plató de  televisión, sino encontrarse consigo misma en el escenario de su alma. El tiempo está de su parte. Apoyémosla. Dios y la María de Magdala ya están en eso, según mis fuentes.